Los olores están mucho más ligados a las emociones de lo que se puede pensar en un principio. Esto es debido a que la información olfativa llega a los centros más primitivos del cerebro, entre los que se encuentra la amígdala cerebral. Su papel principal es el procesamiento y almacenamiento de las reacciones emocionales. Es por ello que los estímulos olfativos nos pueden emocionar, relajar, animar... Determinados olores pueden modificar estados de ánimo. Por esta razón es muy interesante la aromatización de espacios en los que pasamos mucho tiempo. Las diferentes habitaciones de nuestra casa, la oficina, el coche. Son algunos de los lugares que podrás aromatizar según tus necesidades emocionales.

Estos días he aprovechado para hacer un inolvidable viaje a Beijing. Tenía mucha curiosidad por descubrir los olores de la ciudad, de sus mercados, de su comida... Si tuviese que definir mi experiencia olfativa con una sola palabra, creo que elegiría "intensa". Una mezcla entre comida, contaminación y una higiene algo escasa, para lo que estamos acostumbrados los occidentales.

El marketing olfativo está enmarcado dentro del llamado marketing experiencial. Los olores pueden suscitar respuestas favorables en los consumidores, incrementar las compras, aumentar el tiempo de estancia en un local, cerrar un trato, etc. y todo ello sin que el consumidor sea consciente de ello. Seguro que sin darte cuenta has estado expuesto a este tipo de estrategias en multitud de ocasiones. Aunque países como Estados Unidos y Japón nos llevan una gran ventaja, el marketing olfativo está empezando a emerger en España.